Santo Domingo Este. – En un ambiente de profunda fe, recogimiento y alegría espiritual, Monseñor Manuel Antonio Ruiz, obispo de la Diócesis Stella Maris, presidió la solemne Eucaristía con la que se clausuró oficialmente el Año Jubilar “Peregrinos de Esperanza”, en la Catedral Stella Maris, exhortando al Pueblo de Dios a continuar caminando con renovado ardor misionero.
Durante su homilía, el prelado ofreció un mensaje firme y profundamente esperanzador, afirmando que “aunque se cierre una puerta jubilar, la misericordia de Dios jamás se cierra”, destacando que el espíritu del jubileo no termina con un rito litúrgico, sino que se prolonga en la vida cotidiana de cada cristiano como una misión permanente al servicio del Evangelio.
Una Iglesia que peregrina unida
Las actividades conmemorativas iniciaron desde tempranas horas con una peregrinación jubilar desde las instalaciones del Obispado de la Diócesis Stella Maris hasta la Catedral, encabezada por Mons. Manuel Antonio Ruiz y acompañada por sus vicarios episcopales, arciprestes, sacerdotes y diáconos, así como por religiosos, religiosas, seminaristas y una multitud de laicos comprometidos.
El recorrido se convirtió en un signo visible de comunión eclesial, reflejando a una Iglesia viva que camina unida, sostenida por la fe y animada por la esperanza, como auténtica expresión del lema jubilar.
A su llegada al templo catedralicio, el obispo realizó la aspersión con agua bendita en la Puerta Santa, bendiciendo al clero y a los fieles presentes, gesto que simbolizó espiritualmente el cierre del tiempo jubilar y la apertura de una nueva etapa pastoral para la diócesis.
“La puerta del cielo permanece siempre abierta”
En su reflexión, Mons. Ruiz recordó que la celebración coincidió con la fiesta del Bautismo del Señor, subrayando que, así como en el Jordán “se abrió el cielo y descendió el Espíritu Santo”, de igual manera ninguna puerta puede cerrar definitivamente el acceso a la gracia de Dios para quienes caminan con Cristo.
“El jubileo no es una despedida, es un envío. No se apaga la esperanza; al contrario, se reactiva. Somos enviados a ser luz del mundo, a abrir los ojos del corazón, a liberar a quienes viven en las prisiones del pecado, del miedo y de la desesperanza”, expresó.
Un jubileo que marcó el nacimiento de una diócesis
El obispo recordó con gratitud que uno de los mayores frutos del Año Jubilar fue la creación oficial de la Diócesis Stella Maris, acontecimiento que calificó como un verdadero regalo de Dios para el pueblo creyente de esta demarcación eclesial.
“Cuando iniciamos este jubileo, esta diócesis aún no existía. Hoy caminamos con identidad propia, con estructuras pastorales y con una responsabilidad mayor: hacerla crecer en fe, en comunión y en servicio”, afirmó.
Parroquias llamadas a ser faros de luz
Al reflexionar sobre el nombre de la diócesis, Mons. Ruiz explicó que Stella Maris significa “Estrella del Mar”, imagen tradicional de la Virgen María como guía segura para los navegantes, y exhortó a todos los fieles a convertirse en reflejo de esa luz que orienta hacia Cristo.
Dirigiéndose especialmente a los párrocos, consagrados y agentes pastorales, los invitó a transformar cada parroquia en un faro espiritual para su comunidad.
“No es posible que una parroquia viva en la tristeza o en la indiferencia. Debe ser el centro luminoso del barrio, el lugar donde la gente encuentre paz, alegría, acogida y esperanza”, señaló.
Asimismo, animó a los laicos a ser testigos visibles del Evangelio en sus familias, trabajos, comunidades y redes sociales, recordando que el cristiano, por su bautismo, está llamado a llevar la luz de Cristo allí donde exista oscuridad.
Agradecimientos y envío misionero
Al concluir la celebración eucarística, el reverendo padre Alejandro Valera, vicario general de la diócesis, expresó palabras de agradecimiento al clero, a las comunidades parroquiales, movimientos apostólicos y a todos los fieles que colaboraron activamente en la organización y vivencia del Año Jubilar.
Destacó el espíritu de entrega, la participación masiva en las actividades formativas y pastorales, así como el impacto espiritual que este tiempo de gracia ha dejado en la vida de la diócesis.
La jornada concluyó con un solemne envío misionero, en el que se reafirmó que el cierre del jubileo no representa un punto final, sino el comienzo de una etapa de mayor compromiso evangelizador.
Con este espíritu, la Diócesis Stella Maris asume el reto de continuar anunciando con valentía que las puertas de la Iglesia y del cielo permanecen abiertas para todos, especialmente para los más necesitados de consuelo, reconciliación y esperanza.













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