Santo Domingo. Lo que comenzó como una angustiante pesadilla de 72 horas para una familia en Santo Domingo Este, concluyó con un reencuentro cargado de emoción. En una fecha que debía ser de festejo por el sexto cumpleaños de la pequeña Dianibel Ozuna, el alivio llegó finalmente cuando ella y su abuela, Marilyn Adon de Jesús, de 53 años, regresaron al calor de su hogar.
La salvación de ambas no vino de un operativo policial complejo, sino de la agudeza y solidaridad de un ciudadano común. Un taxista, cuya identidad se ha mantenido en el anonimato pero que ya es considerado el héroe de la jornada, reconoció a la pareja mientras caminaban por un parque en el sector de Los Mina.
Gracias a la difusión masiva de sus fotografías en los medios de comunicación y redes sociales, el conductor identificó de inmediato que se trataba de las personas reportadas como desaparecidas desde el pasado martes 13 de enero. Sin dudarlo, las abordó en su unidad y las trasladó de forma segura hasta su residencia, ubicada en el proyecto Las 50 Casitas de Los Prados Orientales.
A pesar del desenlace positivo, el caso ha puesto al descubierto una realidad dolorosa que atraviesa la familia. De acuerdo con testimonios de allegados y vecinos, la señora Adon de Jesús no se alejó de casa por voluntad propia, sino empujada por una crisis de salud mental.
Problemas personales recientes y un cuadro de «crisis de nervios» habrían provocado la desorientación de la abuela.
Los vecinos señalaron que la mujer se encuentra bajo un estrés extremo debido a amenazas de ser desalojada de su vivienda, situación que ha agravado su condición psicológica en los últimos meses.
Al ser recibida por sus parientes, Marilyn manifestó de forma incoherente que simplemente estaba “resolviendo algo”, evidenciando que no era plenamente consciente de la angustia que su ausencia había generado.
Afortunadamente, tras la evaluación inicial, se confirmó que tanto la niña como la señora se encuentran en perfecto estado físico. Para la familia, el regreso de Dianibel justo el día de su cumpleaños representa un milagro que supera cualquier regalo material. Tras tres días de búsqueda incansable, el mejor presente fue, sin duda, el poder abrazarla nuevamente y saber que la pesadilla había terminado.












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