Caracas. De discursos breves y con una imagen de académica, Delcy Rodríguez, la mujer que juró como presidenta encargada de Venezuela, ha tomado el timón de un chavismo volcado en garantizar su supervivencia cuando su país se asoma a una etapa de cambios tutelados por EE.UU. y que está poniendo a prueba los cimientos de la revolución.
En un mes, esta abogada de 56 años ha dejado patente su capacidad de dialogar con Washington, de impulsar una reforma que da un giro ‘capitalista’ al sector petrolero, pero también de asumir como la primera comandante en jefe de una fuerza armada que ha jurado lealtad a la sucesora de Nicolás Maduro.
Después de la operación militar del pasado 3 de enero que terminó con la captura de Maduro, el chavismo apostó por llenar su ausencia y encarar, desde el poder, la nueva dinámica.
Es así como Rodríguez, aunque habla telefónicamente con el presidente Donald Trump y su secretario de Estado, Marco Rubio, se empeña públicamente en reclamar independencia y en criticar a una oposición sin un espacio cierto en el actual tablero político.
«Ya basta de las órdenes de Washington sobre políticos en Venezuela, que sea la política venezolana quien resuelva nuestras divergencias y nuestros conflictos internos», dijo el pasado 25 de enero al defender la propuesta de «diálogo político» con sectores «coincidentes» y «divergentes» que formuló dos días antes.
Si algo ha caracterizado esta fase del chavismo es la concisión y la supervivencia.
Rodríguez, sin abandonar las actividades televisadas o las cadenas de radio y televisión, aparece para hacer anuncios puntuales. Así ha ido dictando líneas en persona o a través de portavoces -como su hermano y presidente del Parlamento, Jorge Rodríguez- del rumbo de su Administración.
El 15 de enero, su presentación ante el Parlamento del casi primer año del tercer mandato de Maduro fue de alrededor de una hora. Su hermano la consideró «concisa, clara, valiente» y «sesuda».














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