Por Wendy Carrasco, periodista y docente.
En los últimos días ha circulado en redes sociales información sobre encuentros y espacios denominados Places Therian en la República Dominicana, vinculados a personas que afirman identificarse con animales no humanos. Más allá de la curiosidad mediática, este fenómeno merece una reflexión profunda desde la fe cristiana, la educación y el compromiso con la dignidad humana que caracteriza nuestra tradición cultural.
La Biblia establece con claridad que el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1:26-27) y que el Creador le otorgó dominio sobre toda criatura (Génesis 1:28). Esta verdad teológica no promueve abuso ni desprecio hacia los animales, sino que afirma una diferencia esencial: el hombre y la mujer poseen razón, conciencia moral y una naturaleza espiritual que los distingue dentro del orden de la creación. Desdibujar esa realidad implica, desde la perspectiva cristiana, una alteración del diseño divino.
El Estado dominicano, sustentado en su Constitución y en normativas de protección a la niñez y la adolescencia, tiene el deber de velar por la integridad física, moral y psicológica de las personas. Nuestra legislación reconoce la dignidad humana como fundamento del orden social. En consecuencia, toda tendencia que pueda generar confusión identitaria en etapas formativas debe ser analizada con prudencia y responsabilidad institucional.
Los animales son seres vivos que merecen cuidado; sin embargo, carecen de racionalidad ética, autoconciencia reflexiva y sentido moral como el ser humano. Resulta preocupante que jóvenes en proceso de formación puedan interpretar la adopción de identidades no humanas como una forma de realización o incluso de superioridad. La educación debe fortalecer el autoconcepto humano, no diluirlo.
No se trata de promover burla ni intolerancia, sino de defender principios. Padres, docentes y líderes sociales estamos llamados a orientar con firmeza y claridad, reforzando valores cristianos y promoviendo una identidad humana sólida. Asimismo, corresponde al Estado fortalecer campañas educativas que afiancen la dignidad humana y prevengan la difusión de modelos que puedan afectar el desarrollo integral de nuestros niños y adolescentes.
La República Dominicana enfrenta múltiples desafíos sociales. En medio de ellos, preservar la centralidad de la persona humana —creada por Dios con propósito y trascendencia— debe seguir siendo prioridad. Defender estos principios no es un acto de exclusión, sino una afirmación de la dignidad que sustenta nuestra nación y nuestra fe.
Wendy Carrasco es periodista y docente.












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