Santo Domingo. El calendario vuelve a detenerse en un día 8, una fecha que para Bajos de Haina dejó de ser una simple referencia temporal para convertirse en un recordatorio permanente del dolor. Han transcurrido 14 meses desde la tragedia ocurrida en abril de 2025, cuando el desplome del techo de la discoteca Jet Set segó la vida de 236 personas y dejó una profunda cicatriz en la memoria colectiva de la nación.
Aunque el tiempo ha seguido su curso, las heridas permanecen abiertas. En este municipio de la provincia San Cristóbal, el luto continúa habitando los hogares que perdieron a 25 de sus hijos en aquella fatídica noche. La ausencia se manifiesta en las conversaciones familiares, en las celebraciones incompletas y en el silencio que acompaña las sillas vacías durante cada encuentro.
Las secuelas de la tragedia han trascendido el ámbito material. Para los familiares de las víctimas, estos meses han significado una sucesión de fechas marcadas por la nostalgia: las fiestas navideñas, los cumpleaños, aniversarios, graduaciones y celebraciones familiares se han vivido bajo el peso de una pérdida que aún resulta difícil de asimilar. Próximamente, el Día de los Padres volverá a enfrentar a muchas familias con una realidad que cambió para siempre la dinámica de sus hogares.
En Villa Penca, uno de los sectores más golpeados por la tragedia, el recuerdo de Joel Manuel Santana Pión permanece intacto. Su imagen continúa colgada en el colmado familiar donde durante años fue conocido por su carisma y alegría. Su madre, Digna Pión, todavía encuentra imposible evocar su nombre sin que las lágrimas interrumpan sus palabras, reflejo de un dolor que el paso de los meses no ha logrado mitigar.
Su sobrino, Abraham Santana, asegura que la tragedia dejó una huella imborrable en toda la familia. Recuerda que cuatro de sus parientes perdieron la vida aquella noche: Joel Manuel Santana Pión y su esposa Lucía de la Cruz, así como Ruth Dilania de la Cruz y su esposo Juan Manuel Santana Olivier. La pérdida de ambas parejas dejó a siete niñas en condición de orfandad, una realidad que ha transformado por completo la vida de sus seres queridos.
El sentimiento de tristeza también es compartido por vecinos y amigos que aún no encuentran consuelo ante la forma en que ocurrieron los hechos. Muchos recuerdan que las víctimas salieron de sus hogares con entusiasmo para disfrutar de una noche de música y esparcimiento, sin imaginar que sería la última vez que serían vistas con vida.
Los nombres de quienes fallecieron aquella noche permanecen grabados en la memoria de Haina. Hermanos, esposos, amigos y familiares forman parte de una lista de ausencias que sigue provocando dolor en una comunidad que no olvida y que continúa reclamando justicia.
Mientras tanto, el proceso judicial relacionado con el colapso del establecimiento avanza en los tribunales. Los propietarios de la discoteca enfrentan procedimientos legales por el desplome de la estructura, un hecho que dejó además más de un centenar de personas heridas.
A más de un año de la tragedia, familiares, sobrevivientes y ciudadanos continúan congregándose cada día 8 en el lugar del siniestro para honrar a quienes perdieron la vida. Entre plegarias, flores y recuerdos, mantienen vivo el reclamo de justicia y la esperanza de que la verdad complete el duelo de una comunidad que aún llora a sus ausentes.












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