San Zenón: el huracán que cambió para siempre a Santo Domingo

Por Ariel Cabral.

Santo Domingo. El 3 de septiembre de 1930 quedó inscrito como una de las fechas más trágicas de la historia dominicana. Ese día, el huracán San Zenón, un poderoso fenómeno de categoría 4, azotó directamente la ciudad de Santo Domingo con vientos estimados de hasta 249 kilómetros por hora, provocando una devastación de proporciones catastróficas en una capital habitada entonces por unas 70,000 personas.

El ciclón dejó entre 2,000 y 4,000 personas fallecidas, aunque algunas estimaciones históricas sitúan el número de víctimas en cifras superiores, además de decenas de miles de heridos y damnificados. La fragilidad de las edificaciones de la época, levantadas principalmente con madera y zinc fuera del perímetro de la Ciudad Colonial, contribuyó a que numerosos barrios quedaran prácticamente reducidos a escombros.

A diferencia de otros fenómenos atmosféricos que históricamente han concentrado sus mayores efectos en zonas rurales, el ojo de San Zenón atravesó el centro de Santo Domingo, descargando toda su fuerza sobre una ciudad que carecía de las condiciones estructurales para resistir un huracán de semejante magnitud.

La dimensión de la tragedia desbordó la capacidad de respuesta de las autoridades. La enorme cantidad de cadáveres obligó a recurrir a cremaciones colectivas y al uso de fosas comunes en la antigua Plaza Colombina, hoy Plaza Eugenio María de Hostos, como parte de las medidas adoptadas ante la emergencia sanitaria.

El desastre ocurrió apenas dos semanas después de la llegada al poder de Rafael Leónidas Trujillo. La reconstrucción de Santo Domingo se convirtió posteriormente en un instrumento para fortalecer el control político del nuevo régimen, proceso que tendría entre sus expresiones más simbólicas el cambio de nombre de la capital a Ciudad Trujillo en 1936.

Más allá de sus consecuencias inmediatas, San Zenón modificó profundamente la fisonomía urbana de Santo Domingo. La devastación impulsó la sustitución progresiva de las frágiles construcciones de madera y zinc por edificaciones de mayor resistencia, particularmente aquellas levantadas en hormigón armado.

A 96 años de aquel fatídico 3 de septiembre, el huracán San Zenón permanece como un episodio imborrable de la memoria histórica dominicana y como un estremecedor recordatorio de la vulnerabilidad del país frente a la fuerza de los fenómenos atmosféricos durante la temporada ciclónica.

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