“Voces para el Otoño 2025”: cuando la música se convierte en puente, bálsamo y luz

Santo Domingo despertó con un aire distinto tras aquel 23 de noviembre, como si la ciudad hubiera exhalado un suspiro largo y agradecido después de ser testigo de un gesto que ennoblece. En la intimidad cálida del Teatro Laura Beltrán, del Colegio Babeque, el arte decidió volverse puente, bálsamo y ofrenda. Allí, bajo la penumbra serena de un recinto que parecía custodiar un secreto luminoso, se celebró el concierto lírico “Voces para el Otoño 2025”, una gala donde la música se puso al servicio de la solidaridad y dejó claro que la belleza alcanza su plenitud cuando sirve a un propósito mayor.

A las siete en punto, cuando el telón abrió sus alas de terciopelo y dejó escapar la primera ráfaga de luz, un universo de melodías comenzó a desplegarse con la precisión de un amanecer. Fue entonces cuando la mezzosoprano Glenmer Pérez, con ese timbre que combina hondura y calidez, trazó la primera línea de un viaje sonoro que la audiencia entendería pronto como una experiencia casi litúrgica. Poco después se sumó la presencia radiante de la soprano María Moreno, cuya voz parecía desbordar claridad; el sopranino Chris Mateo, con un brillo cristalino que se alzaba como un hilván de luz; y el coro Oftalvoces, que aportó un contrapunto coral sobrio, contenido y emotivo, capaz de sostener cada pieza con la firmeza de un abrazo colectivo.

El programa, tejido con intención y delicadeza, no se limitó a presentar obras bellas: propuso un tránsito emocional. Había canciones que abrían el pecho de quienes escuchaban, armonías que parecían inclinar el espíritu hacia la contemplación, y pausas cargadas de significado, silencios que permitían que cada corazón acomodara su propia reflexión antes de continuar.

Sin embargo, por encima del esplendor artístico, sobrevolaba un pulso más profundo: el deseo de ayudar. Cada nota emitida, cada frase sostenida, cada aplauso prolongado llevaba implícito un compromiso con dos instituciones que tocan la vida del país desde ángulos esenciales. Con una contribución solidaria de RD$1,000.00 por persona, el público se sumó al apoyo de la Academia Dominicana de Medicina, dedicada a formar profesionales de excelencia para la ciencia y la salud, y de la Fundación Pañoleta, que acompaña con ternura, fortaleza y dignidad a quienes luchan contra enfermedades oncológicas.

Así, mientras en el escenario las voces se elevaban como un salmo otoñal que pedía esperanza, en el trasfondo del evento se desplegaba una red silenciosa de humanidad, hecha de gestos concretos que alivian, sostienen y acompañan. “Voces para el Otoño 2025” más que un concierto fue una declaración de fe en el poder restaurador del arte; un recordatorio de que la música no es solo deleite, sino también puente hacia el prójimo; una muestra palpable de cómo, en una sola noche, una melodía puede transformarse en alimento espiritual, en caricia emocional y en promesa de futuro.

La velada fue, en síntesis, una celebración en la que Santo Domingo vio a un grupo de artistas —movidos por la vocación de servir y la voluntad de ofrecer lo mejor de sí— lograr que el canto trascendiera el escenario y se derramara como un río generoso sobre la vida real. Fue una noche en que las voces no se limitaron a resonar: tocaron, conmovieron y dejaron huella. Y ese es, sin duda, el genuino milagro del arte cuando se encuentra con la solidaridad.

A esta constelación musical se sumaron también las participaciones especiales de Eduardo Mejía, Modesto Acosta, Kenny Gómez y Nelson Veras, cuyas interpretaciones añadieron matices y brillo a una velada ya de por sí memorable.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *