Por Ariel Cabral.
Santo Domingo. Han pasado nueve meses desde la madrugada que estremeció al país y cambió para siempre la vida de decenas de familias. El colapso del techo de la emblemática discoteca Jet Set, ocurrido el 8 de abril de 2025, no solo dejó un saldo trágico de víctimas y heridos, sino que abrió una herida profunda en la memoria colectiva de la sociedad dominicana, una herida que aún no cicatriza.
Aquella noche, lo que debía ser un espacio de música, celebración y encuentro se convirtió, en cuestión de segundos, en una escena de caos, oscuridad y desesperación. Un estruendo seco, seguido de un apagón total y gritos pidiendo auxilio, marcó el inicio de una de las tragedias más impactantes de los últimos años en la capital.
Nueve meses después, para los familiares de las víctimas el tiempo no ha sido un bálsamo suficiente. El duelo sigue presente en cada fecha marcada, en cada canción que recuerda la última salida, en cada fotografía detenida en el tiempo. “La vida se partió en dos esa noche”, coinciden madres, padres, hijos y hermanos que aún esperan respuestas claras y justicia.
Los sobrevivientes, por su parte, continúan lidiando con secuelas físicas y emocionales. Algunos no han podido retomar su rutina habitual; otros enfrentan traumas, ansiedad y miedo a los espacios cerrados. La tragedia no terminó cuando se apagaron las sirenas: sigue viva en la cotidianidad de quienes lograron salir con vida.
A lo largo de estos nueve meses, las investigaciones han avanzado entre peritajes técnicos, interrogatorios y debates públicos sobre la seguridad en establecimientos de diversión nocturna. La sociedad ha exigido transparencia, sanciones ejemplares y, sobre todo, garantías de que una tragedia similar no vuelva a repetirse.
Expertos en ingeniería y gestión de riesgos han reiterado la necesidad de revisiones estructurales periódicas, cumplimiento estricto de las normas de seguridad y una supervisión más rigurosa por parte de las autoridades. El caso del Jet Set se ha convertido en un símbolo de alerta nacional sobre la prevención y la responsabilidad compartida.
Más allá de las cifras y los procesos judiciales, la tragedia del Jet Set dejó una lección dolorosa: la vida puede cambiar en un instante cuando la negligencia, la improvisación o la falta de controles se imponen sobre la seguridad humana.
A nueve meses del colapso, el país sigue en deuda con las víctimas y sus familias. Recordar no es solo un acto de memoria, sino un compromiso ético para que el dolor no sea en vano. Que el Jet Set no sea solo un nombre asociado a la tragedia, sino un punto de inflexión que impulse cambios reales y duraderos.
Porque mientras no haya respuestas completas, justicia y prevención efectiva, la noche del 8 de abril de 2025 seguirá siendo una herida abierta en el corazón de la República Dominicana.












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