Diócesis Stella Maris celebra la Jornada de la Vida Consagrada con llamado a renovar la alegría y la fidelidad vocacional

Santo Domingo Este. En el marco de la fiesta litúrgica de la Presentación del Señor y Purificación de la Virgen María, la Diócesis Stella Maris celebró la Solemne XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada con una Eucaristía presidida por su obispo, Monseñor Manuel Antonio Ruiz, en la Catedral Stella Maris.

La celebración reunió a sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, seminaristas y fieles laicos, quienes se congregaron en un ambiente de oración, gratitud y renovación del compromiso evangelizador de la Iglesia. Durante la Eucaristía, miembros de diversas congregaciones religiosas presentes en la diócesis renovaron públicamente su entrega al Señor, inspirados en el gesto de María y José al presentar a Jesús en el templo.

Acompañaron al obispo en la concelebración los sacerdotes Andrés Solano, Andrés Cruz, Fray José María Guerrero, Fermín Fermín, Eduardo Carrión, Alejandro Valera, Fray Arístides Jiménez, Ricardo de la Rosa, Araujo Tejada, Héctor Justo, Raúl Santos, Ronald Santiago, Pablo Daniel, Kelvis Acevedo y Domingo Vásquez Morales, así como el diácono Jesús Alberto, entre otros ministros y servidores del altar.

Durante su homilía, Monseñor Ruiz recordó que la vocación consagrada es un don gratuito de Dios y no un mérito personal. “Hoy no celebramos nuestros méritos, celebramos la fidelidad de Dios”, expresó, subrayando que todo llamado nace del amor del Señor que invita: «Sígueme».

El prelado exhortó a los consagrados a ser “luz para alumbrar a las naciones”, destacando el simbolismo de las velas encendidas como signo de una vocación viva, incluso en medio del cansancio o la prueba. Reconoció además los desafíos actuales de la vida consagrada, como el envejecimiento de algunas comunidades y la disminución vocacional, pero animó a no perder la esperanza: “Cuando otros apagan su luz, nosotros estamos llamados a encender la nuestra con mayor fuerza. No seguimos personas, seguimos a Jesucristo”.

Monseñor Ruiz insistió en la alegría como rasgo distintivo del consagrado, afirmando que “la alegría evangeliza sin palabras”, e invitó a vivir la entrega con entusiasmo y confianza en que el Señor seguirá suscitando nuevas vocaciones para su Iglesia.

La celebración concluyó con una oración de renovación vocacional, en la que los presentes reafirmaron su disponibilidad al servicio de Dios y de la Iglesia: «Señor, aquí estoy. Cuenta conmigo. Mi vida es tuya».

Con esta conmemoración, la Diócesis Stella Maris reafirma su compromiso de acompañar, fortalecer y promover la vida consagrada como signo profético de esperanza para el pueblo de Dios.

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