Por Regina E. Pérez Lama, MA.
Psicóloga Clínica Infanto-Juvenil
Terapeuta. Exequatur no. 218-21.
Durante muchos años he sido testigo de un plan trazado desde las instituciones gubernamentales para “reeducar” a los niños en buenos tratos y en sexualidad principalmente.
Me ha costado mucho encontrar algún programa que protagonice la familia matriz de donde salen esos niños.
La reeducación de los padres y tutores de los niños que se reciben todos los años en las escuelas y que en su mayoría proceden de la parte más vulnerable de nuestra sociedad, debería ser un requisito obligatorio con seguimiento y apoyo contínuo acorde a los resultados de pruebas psicológicas ó proyectivas que se apliquen a todos los niños en las escuelas; tal como pasa en gran parte de los colegios privados de nuestro país. Evaluación individual para intervenir en cuanto se identifiquen situaciones de abuso o disfuncionalidad del NNA.
Es obvio que debe destinarse un presupuesto pensado para poder pagar los profesionales que se necesitan para lograr este objetivo.
Me gustaría ver por lo menos un plan para contrarrestar desde la familia todos los efectos negativos que está viviendo nuestra sociedad, muchas veces por falta de conciencia y educación social, moral y cívica.
Se está tratando de contrarrestar desde la escuela y es obvio que los resultados son catastróficos. Esto así, porque el objetivo principal deben ser los Padres o tutores para que en conjunto se pueda lograr a menor tiempo los cambios esperados en la familia dominicana.
Desde un Ministerio de familia se podrían lograr todos estos objetivos y más; es cuestión de voluntad; no hacemos nada con los buenos deseos sino implementamos los programas reales de soluciones.
El partido de gobierno que logre estos objetivos, se casará con la gloria; quisiera verlo.
Que pena tener que obedecer a intereses globales y no a los intereses de la nación que se dirige y perjudicar así la concientización y reeducación de tantas familias que quisieran aprender a educar diferente, a amar sanamente, y a romper con esos círculos de violencia en los que por generaciones han estado atados, porque no conocen nada más.
Que pena que no sea la familia el objetivo principal de toda política pública en este país.
Que pena que los cambios se quieran imponer en las escuelas con los niños más vulnerables en todos los sentidos de nuestra sociedad, sin ayudarlos desde la raíz: sus padres o tutores.
Que pena que no se quieran escuchar las voces que gritan en el desierto sobre los abusos que se están cometiendo al no priorizar el verdadero bienestar superior del niño, niña y adolescente, acusándolos de ridículos ó facistas ó religiosos extremos ó pasados de moda. Cuando son los únicos (al parecer) interesados en trabajar sin beneficio tangible alguno.
Ojalá este mensaje llegue a un corazón sensible, y pueda ser lo suficientemente valiente para desde el poder que se le ha otorgado y haga el gran cambio que necesitamos todos los dominicanos.
Por todas las Brianna.
Por todos los Roldany.
Por todas las víctimas de violencia.
Por todos los dominicanos.
















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