Monseñor Morel Diplán clama por niños desaparecidos y denuncia silencio oficial ante el dolor social

Santo Domingo. En un mensaje cargado de dolor, denuncia y profundo contenido espiritual, el arzobispo coadjutor monseñor Carlos Tomás Morel Diplán advirtió que hoy, como ayer ante la tumba de Lázaro, “Jesús sigue llorando” por los males que golpean a la sociedad dominicana, en especial por la desaparición de niños y niñas cuyos casos permanecen sin respuestas claras de las autoridades.

Durante la homilía pronunciada en la Catedral Primada de América, con motivo del Día de Nuestra Señora de la Altagracia, el prelado afirmó que estas realidades “desgarran el corazón humano” y constituyen una herida abierta en la conciencia nacional.

Aunque evitó mencionar nombres, sus palabras resonaron con fuerza en medio de la conmoción que aún rodea la desaparición de la niña Brianna Genao, de tres años, vista por última vez el 31 de diciembre en una comunidad rural de Imbert, provincia Puerto Plata, cuyo paradero continúa siendo un misterio.

Monseñor Morel Diplán extendió su lamento a otros flagelos que, según expresó, están convirtiendo el dolor en parte cotidiana de la vida dominicana: la violencia intrafamiliar, los homicidios ligados a la delincuencia, la creciente inseguridad ciudadana y la pérdida constante de jóvenes atrapados por el crimen y las drogas.

También se refirió a las muertes provocadas por accidentes de tránsito, atribuyéndolas a la imprudencia y al irrespeto sistemático de las leyes, así como al fallecimiento de personas enfermas que —denunció— no recibieron los medicamentos necesarios debido a prácticas de corrupción.

En uno de los momentos más firmes de su mensaje, el religioso reclamó una justicia que actúe “con decisión y sin contemplaciones”, castigando a los responsables de corrupción en proporción al daño causado al pueblo.

Afirmó que Cristo también llora por los niños abusados, por aquellos a quienes no se les permitió nacer, y por los pecados cometidos dentro de la propia Iglesia, reconociendo con dolor las faltas que han empañado su testimonio.

El arzobispo coadjutor advirtió además sobre el peligro de anteponer los intereses económicos al bien común, citando de manera directa los proyectos de explotación minera que —según dijo— avanzan sin respetar el medio ambiente ni la dignidad de las comunidades.

A esto sumó su preocupación por el deterioro ambiental, calificando de alarmante la contaminación de ríos y cañadas, así como la acumulación de miles de toneladas de sargazo que golpean las costas dominicanas.

Al cerrar su homilía, Morel Diplán dejó una frase que estremeció a los fieles reunidos en la Catedral: “Muchas son las familias cuya situación desgarra el corazón del ser humano y lo hace derramar lágrimas, como las que derramó Jesús ante la tumba de su amigo Lázaro”.

Un mensaje que, más que un sermón, se convirtió en un grito pastoral ante el sufrimiento silencioso de miles de hogares dominicanos.

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