Nueva York. El derrocado mandatario venezolano, Nicolás Maduro, compareció este lunes ante la corte del Distrito Sur de esta ciudad, donde se declaró “un hombre inocente” de los cargos de narcotráfico imputados por la administración de Donald Trump.
Con voz serena, Maduro rechazó las acusaciones que justificaron su captura y traslado forzoso a territorio estadounidense, afirmando ante el juez Alvin Hellerstein ser un “prisionero de guerra”.
Durante la audiencia, Maduro ingresó a la sala con una ligera cojera y vistiendo el uniforme reglamentario de recluso: zapatos naranja, pantalones caqui y una camiseta azul marino sobre otra naranja.
Le acompañaba su esposa, Cilia Flores, quien lucía el mismo atuendo.
Tras serle retiradas las esposas para el proceso, el político escuchó la traducción al español mediante auriculares y tomó notas constantes, compartiendo algunas anotaciones con los defensores de su esposa.
El momento de mayor tensión ocurrió cuando el juez Hellerstein, de 92 años, procedió a la identificación del acusado. Maduro, además de confirmar su identidad, denunció haber sido “capturado” en su hogar mediante una “intervención militar”.
Ante esto, el magistrado lo interrumpió señalando que “habrá tiempo y lugar para ver todo eso”,
destacando que su única responsabilidad actual es garantizar que se lleve a cabo “un juicio justo”.
La acusación formal, actualizada tras la operación del pasado sábado, imputa a Maduro delitos de conspiración para cometer narcoterrorismo e importación de cocaína. Por su parte, Cilia Flores es señalada por su presunta participación en la red de tráfico de drogas. Ambos se declararon “no culpables”, reiterando Maduro su condición de presidente de Venezuela y Flores su “completa inocencia”, mientras solicitaban asistencia consular y médica por lesiones sufridas durante la detención.
El abogado defensor, Barry Pollack, cuestionó la legalidad de lo que calificó como un “secuestro por parte de militares”, argumentando que su cliente goza de inmunidad como jefe de un Estado soberano.
Mientras tanto, en las afueras del tribunal, grupos de manifestantes venezolanos y estadounidenses se congregaron entre celebraciones y protestas por la intervención. El juez fijó la próxima audiencia para el 17 de marzo de 2026.
















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