Palm Beach. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reconoció sin rodeos que la industria petrolera de Venezuela forma parte central de la estrategia de su gobierno, al asegurar que el sector fue destruido por años de corrupción, ineficiencia y abandono bajo las administraciones de Hugo Chávez y Nicolás Maduro.
Trump afirmó que la industria energética venezolana fue levantada históricamente con capital, tecnología y conocimiento estadounidense, y denunció que múltiples empresas de su país fueron expropiadas sin recibir compensaciones justas. Según el mandatario, gobiernos anteriores en Washington evitaron confrontar esa situación, permitiendo la pérdida de inversiones estratégicas y de influencia en una nación que posee algunas de las mayores reservas de crudo del mundo.
Tras la captura de Nicolás Maduro, el presidente informó que su administración prevé el envío de operadores petroleros, ingenieros y técnicos especializados con el propósito de reactivar la producción energética y recuperar otros activos minerales estratégicos. Explicó que las empresas involucradas podrán recuperar sus inversiones, pero bajo un modelo que —aseguró— permitirá que los beneficios finales se traduzcan en bienestar para el pueblo venezolano.
Aunque Trump ha insistido en que la intervención estadounidense responde principalmente a razones de seguridad nacional —entre ellas la lucha contra el Cartel de los Soles, el narcotráfico y la crisis de drogas que, según cifras oficiales, provoca cientos de miles de muertes cada año en Estados Unidos—, sus declaraciones dejan claro que el componente económico y energético ocupa un lugar clave en el plan.
Especialistas en geopolítica señalan que Washington busca reposicionarse en un país que durante décadas fue uno de sus principales proveedores de petróleo y un actor determinante en el mercado energético regional. Tras el colapso institucional venezolano, el territorio se transformó en un escenario de disputa internacional, con creciente presencia de actores extrahemisféricos.
Antes de las acciones ejecutadas en la madrugada, sectores críticos del presidente advertían que el verdadero trasfondo de cualquier operación sobre Venezuela era el control de sus vastos recursos naturales. Hasta entonces, Trump había evitado confirmarlo de forma directa, insistiendo en la narrativa de combate al crimen organizado y al narcotráfico.
Con sus declaraciones más recientes, el mandatario decidió disipar las dudas y admitir que la reactivación y supervisión de la industria petrolera venezolana forman parte integral de la hoja de ruta de su gobierno.
La franqueza del discurso marca un giro en la postura estadounidense: ya no se trata solo de restablecer el orden político o desarticular redes criminales, sino también de recuperar una industria estratégica que durante décadas fue el pilar de la economía venezolana y un componente esencial del equilibrio energético regional.
















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