Hace 67 años, la República Dominicana fue escenario de una de las gestas patrióticas más trascendentales de su historia contemporánea: la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo. Aunque militarmente fue sofocada por la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, su impacto político y moral contribuyó a sembrar las bases de la resistencia que años después aceleraría el fin del régimen.
Los relatos recogidos en documentos históricos, testimonios y archivos periodísticos permiten reconstruir aquel episodio que marcó un punto de inflexión en la lucha por la libertad y la democracia en el país.
La tarde del 14 de junio de 1959, una aeronave de carga C-46 Curtiss despegó desde territorio cubano rumbo a la República Dominicana. Pintada con los colores de la Aviación Militar Dominicana para evitar sospechas, transportaba a 55 combatientes encabezados por Enrique Jiménez Moya y pilotados por el capitán Juan de Dios Ventura Simó, antiguo miembro de la aviación trujillista.
La expedición estaba integrada por hombres de diversas nacionalidades —dominicanos, cubanos, venezolanos, puertorriqueños, españoles, estadounidenses y un guatemalteco— unidos por un mismo propósito: poner fin a casi tres décadas de dictadura trujillista.
El operativo contemplaba además el desembarco simultáneo de otros 144 expedicionarios que viajaban a bordo de las embarcaciones Carmen Elsa y Tinima. Sin embargo, dificultades climáticas y actos de sabotaje retrasaron la llegada de ambos grupos, que no tocarían suelo dominicano hasta seis días después.
Mientras tanto, el avión logró aterrizar en Constanza. La inesperada llegada tomó por sorpresa a las fuerzas destacadas en la zona, produciéndose un enfrentamiento inicial que permitió a los expedicionarios internarse en las montañas. Poco después, el régimen respondió con una contundente ofensiva militar que incluyó miles de soldados, vehículos de combate y bombardeos aéreos.
La región de Constanza se transformó rápidamente en un escenario de guerra. Perseguidos por tierra y aire, los combatientes intentaron resistir en la cordillera, mientras las fuerzas gubernamentales intensificaban las operaciones para neutralizar la incursión.
Cuando finalmente las embarcaciones Carmen Elsa y Tinima desembarcaron en Maimón y Estero Hondo, sus integrantes encontraron una feroz resistencia militar. Las tropas del régimen, apoyadas por la aviación, desplegaron un amplio operativo que terminó aniquilando a los grupos expedicionarios llegados por mar.
Tras la derrota militar, la propaganda oficial intentó atribuir el triunfo a la acción de campesinos armados con herramientas rudimentarias. Sin embargo, investigaciones posteriores y testimonios históricos revelaron que numerosos expedicionarios fueron capturados con vida y posteriormente ejecutados o sometidos a torturas en los centros represivos de la dictadura.
Muy pocos lograron sobrevivir. Entre ellos figuran los dominicanos Poncio Pou Saleta, Mayobanex Vargas y Francisco Medardo Germán, así como los cubanos Delio Gómez Ochoa y Pablito Mirabal.
Aunque la expedición fracasó en el plano militar, su legado trascendió el campo de batalla. La brutal represión ejercida por el régimen despertó una profunda indignación en amplios sectores de la sociedad dominicana y fortaleció el sentimiento antitrujillista.
Inspirados por el sacrificio de aquellos combatientes, un grupo de jóvenes liderados por Manolo Tavárez Justo y Minerva Mirabal adoptó el nombre de la expedición para fundar el Movimiento Revolucionario 14 de Junio, organización que desempeñó un papel determinante en la lucha contra la tiranía y en el proceso que conduciría al retorno de las libertades democráticas.
En reconocimiento a esa gesta, la Ley 264-97 declaró el 14 de junio como Día de la Raza Inmortal. Asimismo, los restos de muchos de aquellos héroes descansan en el Mausoleo de los Héroes, en Santo Domingo, como símbolo permanente de valor, sacrificio y compromiso con la libertad del pueblo dominicano.














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