A 47 años del huracán David: la devastadora huella que aún permanece en la memoria dominicana

Santo Domingo.– Este lunes se cumplen 47 años del paso del huracán David por República Dominicana, uno de los fenómenos atmosféricos más destructivos que ha impactado al país y que, casi cinco décadas después, permanece vivo en el recuerdo de quienes enfrentaron su furia.

El poderoso ciclón, de categoría 5, tocó tierra alrededor del mediodía del 31 de agosto de 1979, en las proximidades de Haina y San Cristóbal, acompañado de vientos estimados en 240 kilómetros por hora.

Su embestida dejó un saldo de miles de personas fallecidas, cientos de miles de damnificados y enormes pérdidas materiales, además de una profunda estela de destrucción que alteró durante semanas la cotidianidad de numerosas comunidades.

Sin embargo, la dimensión de David trasciende los registros estadísticos. Para quienes lo vivieron, el fenómeno quedó asociado al rugido ensordecedor de los vientos, viviendas reducidas a escombros, calles anegadas, interrupciones prolongadas del servicio eléctrico y la angustiosa búsqueda de lugares seguros para proteger a familiares.

Para el periodista Adalberto de la Rosa, David representa el primer huracán de gran intensidad que recuerda haber vivido. A casi medio siglo de aquel episodio, todavía conserva en su memoria el sonido del viento y la preocupación de los adultos, que procuraban mantener a los más jóvenes protegidos dentro de la vivienda.

El panorama que encontró días después en Santo Domingo Este fue desolador, con numerosas casas destruidas y sectores afectados por las inundaciones. La falta de electricidad también obligó a las familias a modificar sus rutinas y recurrir a alternativas para conseguir alimentos.

A la devastación provocada por David se sumó posteriormente la tormenta Federico, que descargó nuevas lluvias sobre un territorio que apenas comenzaba a recuperarse.

En Palenque, provincia San Cristóbal, el impacto fue especialmente recordado por Milcíades Ortiz, quien tenía 21 años cuando el ojo del huracán atravesó la zona.

La vivienda de su familia, aunque relativamente nueva, tampoco pudo resistir la intensidad de los vientos. Ante el derrumbe de parte de la estructura, Ortiz tuvo que improvisar mecanismos de protección para su madre y sus hermanos menores.

En medio de la emergencia, logró resguardar a varios de sus hermanos dentro de un vehículo perteneciente a su padre, mientras afuera continuaban los fuertes vientos y las lluvias.

La situación se tornó todavía más difícil con la llegada de Federico, que prolongó las precipitaciones cuando muchas familias ya habían perdido sus viviendas y permanecían prácticamente a la intemperie.

La periodista Elina María Cruz recuerda que uno de los principales desafíos posteriores al paso del huracán fue precisamente la ausencia de energía eléctrica.

Con los refrigeradores fuera de servicio, conservar los alimentos se convirtió en una tarea cotidiana que obligaba a las familias a buscar hielo para evitar que se dañaran los productos.

En medio de las dificultades también surgieron muestras de solidaridad. Familiares residentes en Estados Unidos enviaron alimentos a parientes en Montecristi, entre ellos productos lácteos, huevos y otros artículos que ayudaron a mitigar la escasez.

La interrupción de las actividades escolares y la falta de televisión modificaron además la rutina de los jóvenes. El deporte se convirtió entonces en una de las pocas alternativas de entretenimiento mientras el país comenzaba lentamente a reconstruirse.

A 47 años de su paso por territorio dominicano, David continúa ocupando un lugar singular en la memoria colectiva del país. Sus cifras reflejan la magnitud de la tragedia, pero los relatos de quienes estuvieron allí permiten comprender el impacto humano de aquel fenómeno.

Para una generación de dominicanos, el 31 de agosto de 1979 no constituye simplemente una fecha histórica. Es el recuerdo de una jornada marcada por el miedo, la incertidumbre, la solidaridad y la necesidad de reconstruir prácticamente desde cero tras uno de los huracanes más devastadores que ha conocido República Dominicana.

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