El Vaticano declaró este jueves que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X se encuentra en situación de cisma, tras la consagración de cuatro obispos sin la autorización del Papa durante una ceremonia celebrada en Ecône, Suiza. La decisión fue anunciada por el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que además advirtió que los fieles que se adhieran formalmente a la organización serán considerados cismáticos y quedarán sujetos a excomunión.
La declaración, suscrita por el cardenal Víctor Manuel Fernández y otros altos responsables del organismo doctrinal de la Santa Sede, exhorta tanto a sacerdotes como a laicos a no vincularse con la fraternidad, señalando que dicha adhesión implica una ruptura con la comunión eclesial y con la autoridad del Romano Pontífice.
Según el documento, los obispos Alfonso de Galarreta y Bernard Fellay incurrieron en un acto de carácter cismático al realizar las ordenaciones episcopales sin mandato pontificio. Como consecuencia, ambos, junto con los cuatro sacerdotes ordenados durante la ceremonia, fueron excomulgados de manera automática conforme a las disposiciones del Código de Derecho Canónico.
La Santa Sede fundamentó la medida en los cánones que sancionan tanto la consagración ilícita de obispos como el delito de cisma, entendido como el rechazo de la autoridad del Papa o la ruptura de la comunión con la Iglesia católica. El Vaticano sostuvo que las recientes acciones de la fraternidad constituyen una manifestación formal de desobediencia que configura ese delito canónico.
Además de declarar el estado de cisma, el Dicasterio indicó que los sacerdotes pertenecientes a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X deben ser considerados cismáticos y recordó que los fieles que se integren formalmente a la organización también podrían quedar sujetos a las mismas sanciones eclesiásticas.
La decisión tiene igualmente implicaciones sacramentales. La Santa Sede precisó que las confesiones administradas por sacerdotes de la fraternidad y los matrimonios celebrados con su asistencia carecen de validez canónica, al haber quedado sin efecto las facultades que anteriormente les habían sido concedidas.
Pese a la severidad de la medida, el Vaticano manifestó su disposición a facilitar el retorno de sacerdotes y fieles a la plena comunión con la Iglesia. Para ello, instruyó a los nuncios apostólicos a colaborar con los obispos en los procedimientos que permitan regularizar la situación de quienes deseen reincorporarse a la vida eclesial bajo la autoridad de Roma.














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