Departamento de Tesorería
Durante 2026, los mercados financieros globales se han caracterizado por un elevado nivel de incertidumbre, reflejando una mayor volatilidad y un aumento de las expectativas de inflación en las principales economías del mundo. De manera particular, los rendimientos de los bonos del Tesoro de Estados Unidos han mostrado una tendencia alcista, particularmente en los vencimientos de mayor plazo, movimiento que se ha intensificado en los últimos meses. El rendimiento del bono a 10 años inició el año en 4.17 %, y se ubicó en 4.84 % al cierre del 9 de septiembre del año en curso, reflejando un aumento de 67 puntos básicos. En el mismo período, el rendimiento del bono a 30 años pasó de 4.84 % a 5.29 %, aumentando 45 puntos básicos y alcanzando niveles no observados desde 2007.
Este comportamiento ha estado marcado por el aumento de los eventos geopolíticos y comerciales, en particular, la intensificación del conflicto con Irán y el consecuente incremento de los precios del petróleo. Estos factores elevaron los riesgos inflacionarios y, con ello, las tasas de interés esperadas a mayor plazo. En este contexto, las expectativas de flexibilización monetaria se redujeron y los principales bancos centrales adoptaron una postura más cautelosa, ante la posibilidad de que las presiones de precios limitaran el margen para reducir sus tasas de referencia en el corto plazo.
Gráfico 1. Variación de las expectativas implícitas de política monetaria (puntos básicos) de los principales bancos centrales a diciembre del 2026, antes y después del inicio del conflicto entre Estados Unidos e Irán

El fenómeno adquirió un carácter distinto durante el tercer trimestre. La curva de rendimientos del Tesoro estadounidense se empinó como consecuencia del mayor incremento registrado en los rendimientos de los tramos de mayor vencimiento, y lo hizo pese a la moderación de algunos indicadores económicos, entre ellos la inflación, cuya última lectura se situó en 3.4 %, por debajo de su punto más alto de este año y en línea con las expectativas de los analistas económicos.
Ello sugiere que factores ajenos a la trayectoria esperada de la Reserva Federal están adquiriendo mayor relevancia en la determinación de los rendimientos de largo plazo: las presiones fiscales y las necesidades de financiamiento del gobierno, el aumento de la oferta de activos con grado de inversión en el mercado de renta fija y los cambios en la composición de la demanda por títulos del Tesoro. En conjunto, estos elementos apuntan a una mayor prima por plazo exigida por los inversionistas para mantener deuda de larga duración.
Gráfico 2. Comportamiento de la curva soberana estadounidense durante el tercer trimestre

Este fenómeno no ha sido reflejado solamente en Estados Unidos. Otras economías desarrolladas también han experimentado incrementos en los rendimientos de sus bonos soberanos de largo plazo, impulsados en gran medida por factores similares, entre ellos mayores preocupaciones fiscales, elevadas necesidades de financiamiento y una mayor incertidumbre sobre la evolución de los precios y la inflación. Esto sugiere que parte del aumento observado en las tasas de largo plazo responde a una dinámica de alcance global.
Gráfico 3. Evolución rendimientos de bonos de 30 años de principales economías

Presiones fiscales
Las preocupaciones fiscales han cobrado mayor relevancia en las últimas semanas. El 19 de agosto, el Departamento del Tesoro confirmó que la deuda pública de Estados Unidos superó por primera vez los US$40 billones, lo que eleva las necesidades de financiamiento del gobierno y el volumen de deuda que debe ser absorbido por los mercados. Estas presiones se han concentrado en el tramo largo de la curva, donde el rendimiento a 30 años alcanzó su nivel más alto en cerca de diecinueve años.
Gráfico 4. Rendimiento del bono del Tesoro a 30 años

Ante este panorama, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, ha señalado recientemente su intención de coordinar con la Oficina de Administración y Presupuesto medidas orientadas a la consolidación fiscal. En este contexto, destacó que existe una “muy buena probabilidad” de que el déficit fiscal haya alcanzado su punto máximo durante la administración Trump y señaló que el crecimiento económico será fundamental para hacer frente a la elevada carga de deuda. No obstante, la materialización de una reducción significativa del déficit enfrenta importantes restricciones estructurales, dado el elevado peso de los programas de gasto obligatorio y del pago de intereses sobre la deuda federal.
Una proporción significativa del gasto federal corresponde a programas obligatorios tales como seguridad social, Medicare y Medicaid, y al pago de intereses de la deuda, mientras que el margen para reducir el gasto discrecional es comparativamente limitado. En ese marco, las expectativas por parte de los participantes del mercado hacia una reducción del déficit en el corto plazo permanecen sujetas a incertidumbre. De persistir déficits elevados, las necesidades de emisión de títulos del Tesoro aumentarían, lo cual tiende a presionar al alza la prima por plazo, a medida que el mercado exige una mayor compensación por mantener deuda de largo vencimientos.
Mayor competencia por activos de largo plazo y cambios en la base de tenedores
Un segundo factor detrás del reciente aumento de los rendimientos en los tramos largos de la curva es la mayor competencia por instrumentos de largo plazo dentro del mercado de renta fija, impulsada tanto por el incremento de la oferta corporativa como por cambios en la composición de los inversionistas en el mercado de títulos del Tesoro.
La elevada emisión de deuda corporativa, en particular de empresas vinculadas al desarrollo de infraestructura y de tecnologías asociadas a la inteligencia artificial, ha incrementado la oferta de instrumentos de renta fija de largo plazo que compiten por una base de inversionistas similar a la de los títulos del Tesoro, lo cual contribuye a elevar el rendimiento requerido para absorber dicha oferta. Para 2026 se estima que la emisión de deuda corporativa con grado de inversión (emisiones con calificación crediticia igual o superior a BBB-) alcance US$1.9 billones, por encima del récord anual previo de US$1.66 billones registrado en 2020. Asimismo, se proyecta que las emisiones con vencimientos superiores a diez años se ubiquen en torno a US$380 mil millones, de las cuales cerca del 38 % correspondería a empresas vinculadas al sector de inteligencia artificial.
Gráfico 6. Emisiones de deuda de grado de inversión

En paralelo, la composición de los tenedores de deuda del Tesoro ha cambiado de manera significativa durante la última década. Actualmente, los inversionistas privados mantienen alrededor del 70 % de la deuda emitida por el Tesoro estadounidense, mientras que la participación de la Reserva Federal y de otros bancos centrales extranjeros se ha reducido o estabilizado. Al recaer una mayor proporción de las nuevas emisiones sobre inversionistas privados[1], mismos que son más sensibles al precio de los instrumentos de deuda que los tenedores oficiales[2] , la demanda por títulos del Tesoro se vuelve más elástica al nivel de rendimiento, lo cual tiende a presionar al alza el costo de la deuda.
Gráfico 7. Porcentaje de la deuda de EE. UU. en manos de inversionistas privados

Intervenciones cambiarias: implicaciones para la curva de rendimientos del Tesoro estadounidense
A finales de julio, el yen japonés (JPY) se depreció hasta niveles cercanos a 164 por dólar, mínimos de casi cuatro décadas. El 30 de julio, el Ministerio de Finanzas de Japón (MOFJ) realizó una intervención unilateral estimada en ¥8.45 billones, equivalentes a unos US$53 mil millones, la mayor operación de un solo día registrada por Tokio. Al día siguiente, el Tesoro estadounidense se sumó con una intervención coordinada, la primera compra conjunta de yenes desde 1998, ejecutada por el Banco de la Reserva Federal de Nueva York en calidad de agente.
Dos aspectos del diseño de la operación resultan particularmente relevantes. En primer lugar, el Tesoro estadounidense financió sus compras de yenes mediante la venta de euros de su Fondo de Estabilización Cambiaria (ESF, por sus siglas en inglés), en lugar de utilizar dólares. En segundo lugar, el Ministerio de Finanzas de Japón anunció su apertura a utilizar la Facilidad de Reporto para Autoridades Monetarias Extranjeras e Internacionales (FIMA, por sus siglas en ingles) que ofrece la Reserva Federal.
Esta declaración fue respaldada por el secretario Bessent quien solicitó ampliar el límite por contraparte de dicha facilidad, actualmente establecido en US$60 mil millones. Este mecanismo permite a las autoridades monetarias extranjeras obtener liquidez en dólares mediante operaciones de recompra, utilizando títulos del Tesoro como garantía, en lugar de venderlos directamente en el mercado.
La lógica de ambas decisiones apunta en la misma dirección. Japón es el principal tenedor extranjero de deuda del Tesoro estadounidense, con una cartera de inversiones superior a US$1.1 billones. Una defensa prolongada del yen mediante la venta de Tesoros habría incrementado la oferta en un mercado que ya enfrentaba presiones, particularmente en un momento en que el rendimiento del bono a 30 años se encontraba próximo a máximos de casi dos décadas. Si bien el secretario Bessent enmarcó la intervención en términos de estabilidad financiera regional y prevención de devaluaciones competitivas en Asia, el diseño de la operación también evidencia el interés por parte de Estados Unidos de evitar presiones adicionales sobre el mercado de Tesoros, dada su relevancia para la estabilidad financiera global.
Gráfico 8. Evolución tipo de cambio USD/JPY tras Intervenciones del 30 y 31 de Julio 2026.

La respuesta del Tesoro: recompras ampliadas y sus límites
Ante el continuo aumento de los rendimientos de los bonos del Tesoro, el departamento del Tesoro estadounidense anunció el 19 de agosto que estaría dispuesto a duplicar sus operaciones de recompra de apoyo a la liquidez en el tramo de 10 a 30 años, elevando el límite por operación de US$2 mil millones hasta al menos US$4 mil millones entre el 9 de septiembre y el 4 de noviembre. El anuncio generó una reacción inicial favorable, con una reducción de aproximadamente 9 puntos básicos en el rendimiento del bono a 30 años, hasta 5.19 %, y del bono a 10 años, hasta 4.63 %. Sin embargo, el efecto se disipó en menos de 24 horas, revirtiendo la tendencia y colocando los rendimientos por encima de 5.25 % y 4.70 %, respectivamente.
El episodio sugiere que, si bien las recompras pueden contribuir a mejorar la liquidez del mercado, su capacidad para modificar de forma sostenida los rendimientos podría verse limitada frente a las presiones estructurales de oferta y demanda, reflejando una falta de convicción por parte de los participantes del mercado respecto a la trayectoria del déficit fiscal estadounidense, la sostenibilidad de las finanzas públicas y sus implicaciones sobre el nivel de los rendimientos.
Gráfico 9. Evolución rendimiento del bono a treinta años tras anuncio del departamento del Tesoro

Implicaciones para la economía dominicana
Este convulso contexto internacional, marcado por una creciente dinámica multipolar y una mayor volatilidad en los mercados financieros internacionales, representa retos importantes para nuestro país, ya que los niveles de tasas de interés de los bonos del Tesoro de Estados Unidos constituyen una referencia fundamental para el costo del financiamiento externo del país.
Gráfico 10. Rendimiento de bonos de 10 años República Dominicana y Estados Unidos

No obstante, los sólidos fundamentos macroeconómicos acompañados de un clima económico y social estable han consolidado una percepción favorable del riesgo soberano de República Dominicana. En efecto, el Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI, por sus siglas en inglés), ha continuado su tendencia a la baja colocándose en 157 puntos básicos durante los primeros días del mes de septiembre, su nivel más bajo de los últimos cinco años, lo cual reafirma la confianza de los inversionistas internacionales en la economía dominicana frente a nuestros pares de la región.
Gráfico 11. Evolución Índice de Bonos de Mercados Emergentes (EMBI)

Asimismo, el mayor dinamismo de los sectores generadores de divisas ha contribuido con el favorable comportamiento del peso dominicano, el cual acumula una apreciación superior al 7 % frente al dólar estadounidense al cierre de agosto de 2026. Esta percepción también encuentra respaldo en el análisis reciente del banco estadounidense J.P. Morgan, que mantiene una visión constructiva sobre la evolución de la economía dominicana y la oportunidad que ofrecen sus activos financieros.
Gráfico 12. Comportamiento de tipo de cambio de venta acumulado al 31 de agosto 2026

Estos factores han apoyado al fortalecimiento de la posición externa del país, lo cual ha permitido al Banco Central preservar niveles adecuados de reservas internacionales, mismas que se encuentran por encima de las principales métricas del Fondo Monetario Internacional (FMI), al superar los cinco meses de importaciones y mantenerse en torno al 11 % del producto interno bruto (PIB). Estos niveles proporcionan un importante respaldo para el país y fortalecen su capacidad para absorber eventuales choques externos.
El Banco Central se mantendrá monitoreando de manera continua la evolución de las tasas de interés, así como de las condiciones financieras globales y sus posibles implicaciones para la economía dominicana, a fin de evaluar oportunamente los riesgos externos y tomar las medidas necesarias que contribuyan a preservar la estabilidad macroeconómica que ha caracterizado al país.
[1] Inversionistas privados extranjeros, hogares, compañías de seguros, fondos del mercado monetario, fondos mutuos, empresas no financieras, organizaciones sin fines de lucro, fondos de pensiones y otros tenedores financieros nacionales.
[2] Bancos centrales y autoridades monetarias















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