SANTO DOMINGO ESTE. – En una atmósfera de júbilo y devoción, la Diócesis Stella Maris celebró el Cuarto D26omingo de Pascua, universalmente conocido como el Domingo del Buen Pastor. La solemne Eucaristía, presidida por Monseñor Manuel Antonio Ruiz, fue el escenario de un enérgico llamado a la conversión, la confianza plena en Cristo y el despertar de nuevas vocaciones consagradas.
La celebración contó con la presencia de destacados miembros del clero, entre ellos el Padre Alejandro Valera (Vicario General), el Padre Cesáreo Núñez (Canciller) y el recién ordenado presbítero Jesús Alberto de la Cruz. La liturgia inició con el rito de la aspersión, recordando a los fieles la gracia de su bautismo.
La transformación de Pedro como esperanza
En coincidencia con la 63ª Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, Monseñor Ruiz utilizó la figura de San Pedro para ilustrar el poder del Espíritu Santo en el ser humano:
De la negación a la entrega: “Ese Pedro que negó a Jesús es ahora un hombre totalmente convencido y transformado. Es la prueba de que siempre es posible recapacitar”, afirmó.
Fe con obras: El prelado insistió en que el seguimiento de Cristo debe ser tangible: “No es solamente un convencimiento mental; tiene que verse en las obras”.
Un camino exclusivo hacia la plenitud
Con un mensaje de esperanza frente a las crisis personales, el obispo presentó a Jesús como la solución definitiva a la búsqueda de sentido del hombre contemporáneo:
“Si usted anda buscando paz y felicidad, Jesús es la puerta: la única puerta para la salvación. Él es nuestro respaldo en medio de las dificultades y los fracasos”.
Vocaciones: Una responsabilidad familiar
Monseñor Ruiz fue enfático al solicitar a las familias cristianas que no tengan miedo de proponer la vida religiosa a sus hijos, dándole la misma importancia que a las carreras civiles:
“Así como se impulsa a ser médico, abogado o ingeniero, también hay que decir: en esta casa se necesita un sacerdote o una monja”.
La Diócesis Stella Maris concluyó la jornada reafirmando su misión de guiar al pueblo hacia una vida de servicio, bajo la premisa de que quien le dice «sí» al Señor, jamás se arrepentirá.












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