Por: Heber Reyes.
Algunas personas no se imaginan ni en los más mínimo, las fricciones que genera y la confusión que se provoca en un acto gubernamental, cuando una persona que ostenta un cargo público, olvida o no sabe distinguir su rol entre su posición política dentro del partido que representa, y el cargo público jurídico adquirido dentro de la administración pública.
¿Estás hablando de confusión? ¡Si! Así como lo acabas de leer…
En mi dilatada experiencia de vida laboral pública, he visto frecuentes discusiones y mal entendidos, por personas que trabajamos el oficio del protocolo de Estado, con personas que han confundido su cargo público con su cargo político, y viceversa.
Pero; ¿De quién es la confusión?
En un primer lugar, la confusión puede venir por un «supuesto» experto o encargado del protocolo, que no sabe diferenciar entre el protocolo político y el protocolo de Estado. Que no conoce las autoridades públicas, tampoco a los dirigentes o miembros del partido oficialista, y no sabe lidiar, mucho menos solucionar el conflicto, cuando se genera una confusión entre lo público y lo político.
En segundo lugar, la confusión más común proviene, cuando un militante o miembro de un partido político, no sabe separar su posición política del cargo público que desempeña dentro del organigrama estatal. Por ejemplo:
En eventos gubernamentales, si usted es un funcionario público de alto, medio o bajo nivel, el orden de precedencia estatal no tiene que ver en lo absoluto con el cargo político de la persona. Y es que, por mandato de la ley, el tratamiento que se le debe otorgar será por su investidura pública en el orden de precedencia establecido, respetando las demás autoridades. Digo esto, porque, en determinadas ocasiones, personas que ostentan la doble representación, (cargo público y cargo político), exigen igual tratamiento, desconociendo su propia investidura en ese momento.
En el caso del protocolo político, este obedece, única y exclusivamente a su estructura interna entre sus miembros o militantes que lo componen. En ese sentido, cuando usted organiza el orden de precedencia de esa organización política, lo debe hacer siguiendo lo establecido en los estatutos internos, conforme a su dirección política. Iniciando siempre con el presidente de ese partido como la máxima representación, y luego, con los demás miembros que ostentan cargos direccionales. Y es que, en los actos políticos, el protocolo interno organiza sus propias asambleas y reuniones, conforme a lo estipulado en sus estatutos y la posición que tiene cada uno de sus dirigentes. O sea, los actos políticos son de naturaleza privada, porque responden solamente a los intereses y lineamientos generales de ese partido.
Por lo general, este tipo de confusión es más frecuente en los actos públicos que se celebran en los pueblos, ya que, los dirigentes locales que ostentan cargos públicos en su demarcación, algunos no entienden que, cuando ellos están presentes, el orden de precedencia que impera es bajo el ordenamiento jurídico vigente y la jerarquía del cargo público.
Cuando la precedencia estatal es colocada respetando los cargos y rangos de las autoridades, es de sentido común que, no todos los funcionarios estarán en la primera y segunda fila, sino que, a mayor cantidad de cargos por autoridades, los de más alto nivel ocuparán los primeros puestos, y así sucesivamente.
Sin embargo; medio de situaciones generadas, fruto de la confusión y el desconocimiento de los actos, he escuchado a personas decir lo siguiente:
¡Yo fui uno de los que ayudó a ganar al partido!
Otros dicen: ¡Este acto es de nosotros!
Quizás tengan la razón, pero, olvidan que, una vez el partido llega al gobierno, los militantes de esa organización política que son elegidos para dirigir y acompañar desde sus respectivas posiciones al presidente de la República, pasan a ser servidores públicos. ¿Lo sabías?
El error más común de algunos funcionarios o dirigentes, consiste en pretender trasferir su estatus partidario a la escena estatal, es por eso que, un «Experto en Protocolo» debe saber manejar estos escenarios para evitar malos momentos, ya que, la imagen del gobierno de turno y sus autoridades públicas está en juego, y no podemos darnos el lujo de crear una situación que genere alta tensión, que alarme y que afecte el objetivo del evento. ¿Continúa confundido?
Los funcionarios del Estado deben tener presente que, los dirigentes de un partido oficialista que ocupen un cargo de alto, medio o bajo nivel en la administración pública, deben ocupar el lugar que la ley asigna a su cargo público.
Una de las recomendaciones que puede ayudar en gran manera a los representantes de los partidos políticos es, doctrinar a su militancia interna en este tema de vital importancia como es el «Protocolo Político y el Protocolo de Estado» antes de ocupar una posición en el Estado. Esto evitará, las diferencias que existen entre ambos protocolos, sobre todo, cuando usted es miembro o militante de un partido político, y a la vez, es el funcionario público con una responsabilidad totalmente distintas.
Cabe destacar que, los equipos de protocolo que tienen la responsabilidad de ordenar los actos públicos, sólo son facilitadores, estrategas y protectores de las investiduras, antes, durante y después de los eventos. Su trabajo no es incomodar, sino más bien, facilitar e importantizar a quienes poseen los cargos, rangos e investiduras, y nos representan en el ámbito público. Por eso, cuando aplicamos las normas, leyes y reglamentos de manera objetiva, podemos neutralizar las presiones individuales del momento.
Finalmente, los errores y confusiones no se deben justificar delante del público, simplemente, debemos evitarlos por el bien del país, de nuestras autoridades, por respeto a todos los invitados, y porque el interés final descansa en la naturaleza y el objetivo del acto de quien ha invitado.
Si llegó a leer hasta el final de este artículo, entonces, creo que su «confusión» ha sido aclarada, y que, ya sabe diferenciar entre el «Protocolo Político y el Protocolo de Estado».
















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