Por: Elisa Vilorio de Painter, PhD[i]
El comportamiento reciente del peso dominicano ha generado un debate sobre la evolución del tipo de cambio y su relación con la competitividad externa de la economía dominicana. Algunos economistas han planteado que la apreciación observada es el reflejo de una supuesta sobrevaluación cambiaria. Sin embargo, una evaluación rigurosa del mercado cambiario requiere considerar tanto los fundamentos internos de la economía dominicana como los cambios ocurridos en el entorno financiero internacional.
En los últimos años, la economía mundial atravesó una secuencia de choques sin precedentes: el COVID-19, las disrupciones en las cadenas globales de suministro, el endurecimiento monetario de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED) entre 2022 y 2024 y el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas y comerciales desde 2025. A diferencia de episodios anteriores, las economías emergentes atravesaron este período con mayor resiliencia. Los bancos centrales fortalecieron su credibilidad y ganaron flexibilidad en sus esquemas monetarios, mientras las posiciones externas de los países mejoraron y se redujo la vulnerabilidad ante los movimientos abruptos de capital y las presiones cambiarias.
En este nuevo contexto, el comportamiento del peso dominicano debe interpretarse como el resultado de la interacción entre factores globales y factores domésticos de oferta y demanda de divisas. Por un lado, la depreciación del dólar estadounidense de aproximadamente 5.28 % desde abril 2025 frente a una amplia canasta de monedas ha favorecido la apreciación de numerosas divisas, incluidas varias de economías emergentes. Por otro lado, República Dominicana ha registrado una expansión simultánea y sostenida de todas sus principales fuentes estructurales de divisas: turismo, remesas, inversión extranjera directa y exportaciones, y ese es, en cualquier economía de mercado, el origen de una moneda más fuerte. En ese sentido, al cierre de julio del presente año, el peso se ha apreciado un 8% con respecto al cierre del 2025 y un 4.4% en términos interanuales.
Con el objetivo de mantener debidamente informados a los agentes económicos y al público en general, el presente artículo analiza los determinantes del comportamiento cambiario reciente desde una perspectiva macroeconómica, apoyándose en los principales marcos analíticos empleados internacionalmente.
- 1. Un nuevo ciclo internacional: el dólar y los mercados emergentes
La evolución cambiaria reciente no puede entenderse sin considerar la transformación del entorno monetario internacional. Entre 2022 y 2024, el dólar estadounidense se apreció cerca de 9.8 %, impulsado por el rápido ciclo de alza de tasas de la Reserva Federal. Ese fortalecimiento respondió a la búsqueda global de activos seguros, al diferencial de tasas de interés frente a otras economías y a la incertidumbre asociada al proceso inflacionario internacional.
A partir de 2025, sin embargo, esta tendencia comenzó a revertirse. Diversos indicadores apuntan a que la depreciación del dólar responde a cambios en la política monetaria estadounidense, a la política comercial y por el aumento de la emisión de deuda norteamericana. La relación entre política comercial y tipo de cambio es más compleja de lo que sugieren algunos modelos. En teoría, mayores restricciones comerciales podrían apreciar la moneda del país que impone los aranceles, pero la evidencia reciente muestra que, cuando los socios afectados responden con represalias comerciales ese efecto puede invertirse. El aumento de la incertidumbre, la percepción de deterioro comercial y los consecuentes ajustes de portafolio generaron, según el Fondo Monetario Internacional (FMI), una depreciación efectiva real del dólar de alrededor de 4.7 % durante el periodo 2025-2026, lo que impulsó apreciaciones en varias monedas.
Existen distintos métodos para determinar si una moneda se encuentra en su nivel de equilibrio. Recientemente, un análisis publicado en la prensa recurrió al Índice Big Mac para comparar la paridad del poder adquisitivo entre monedas. Se trata de un índice concebido por The Economist en 1986 como una guía informal y pedagógica, con limitaciones estructurales bien documentadas que lo hacen insuficiente para emitir juicios sobre la valoración de una moneda, especialmente en economías emergentes en proceso de convergencia, como la dominicana. Su principal limitación es que el precio de una hamburguesa no es el de un bien transable; los insumos no transables, como la mano de obra local, el alquiler, los costos de distribución y los servicios públicos, explican la mayor parte de ese costo.
La herramienta técnicamente apropiada para evaluar si una moneda está sobrevaluada o subvaluada no es el precio de un producto específico, sino un índice más abarcador como el Tipo de Cambio Efectivo Real (TCER). Este índice calculado por el Banco Internacional de Pagos (BIS) mide el valor de una moneda frente a una canasta ponderada de las monedas de los principales socios comerciales del país, ajustada por los diferenciales de inflación entre ellos. Un aumento (reducción) de este indicador implica una apreciación (depreciación) real de la moneda del país analizado.
La comparación regional del período 2020–2026 con este indicador (Figura 1) confirma que la apreciación real del peso dominicano no es una anomalía, sino un fenómeno generalizado entre las economías de América Latina que combinan disciplina macroeconómica con fuertes entradas de divisas.
[i] Asesora de la Gobernación.

Fuente: FRED
A su vez, el análisis del tipo de cambio efectivo real para el caso dominicano frente a la canasta de las monedas de nuestros principales socios comerciales, ajustado por los diferenciales de inflación (Figura 2), muestra que el peso se mantiene, en términos generales, en línea con sus fundamentos económicos, tal como lo mencionó el FMI en el comunicado del artículo IV publicado al cierre de 2025. En consecuencia, la apreciación del peso durante el 2026 no refleja necesariamente una pérdida de competitividad, sino un ajuste natural ante el cambio en las condiciones financieras internacionales.

Fuente: BCRD y estimaciones propias.
- El paradigma de la moneda dominante: el tipo de cambio y la competitividad exportadora
Existe un argumento adicional para esta relación entre el tipo de cambio y la competitividad exportadora conocido como el paradigma del dólar dominante (Gopinath et al. 2020). Este paradigma argumenta que los precios internacionales de los bienes en dólares son rígidos en el corto y mediano plazo. Esto significa que cuando el peso se aprecia frente al dólar, los precios en dólares de las exportaciones dominicanas no cambian en los mercados internacionales ya que están fijados en dólares. Por tanto, el volumen de exportaciones no se ve afectado por la variación cambiaria en el horizonte relevante de política.
En este contexto, la apreciación nominal del peso dominicano durante este año no necesariamente reduce la competitividad de los exportadores dominicanos, al menos, en un plazo razonable de tiempo, ya que sus precios de venta están fijados en la moneda dominante, en este caso el dólar. Lo que sí hace dicha apreciación en principio es reducir el costo de insumos importados en pesos, mejorando los márgenes de los productores locales.
- Consideraciones finales: Los fundamentos que explican la fortaleza del peso en 2026
Tradicionalmente, los ciclos de endurecimiento monetario en Estados Unidos han generado fuertes presiones cambiarias sobre las economías emergentes, a través de un mecanismo bien conocido: tasas más altas en Estados Unidos provocan salidas de capital desde las economías emergentes, lo que a su vez genera depreciación cambiaria y presiones inflacionarias en esos países. El episodio 2022–2024, sin embargo, fue distinto: la posterior depreciación del dólar coincidió con una mayor estabilidad de las monedas emergentes, sostenida por marcos de política monetaria más sólidos, mayor credibilidad de los bancos centrales, acumulación de reservas internacionales, menor endeudamiento externo en moneda extranjera, mayor flexibilidad cambiaria y un mejor manejo de los riesgos financieros.
Este cambio estructural resulta particularmente relevante para la República Dominicana, donde el régimen de metas de inflación, la acumulación de reservas y la estabilidad financiera han permitido que el tipo de cambio funcione como mecanismo de absorción de choques. Junto a otras economías con marcos monetarios sólidos, el país ha navegado este nuevo ciclo cambiario de manera ordenada. La apreciación del peso dominicano en 2026 no es producto de una intervención artificial del BCRD, sino el resultado de fundamentos macroeconómicos sólidos que generan una oferta de divisas superior a la demanda, lo que, en cualquier economía de mercado, se traduce en una moneda más fuerte.
Los ingresos por turismo han alcanzado niveles sin precedentes, con US$6,716 millones acumulados durante el primer semestre, lo que genera una entrada continua y sostenida de dólares que fortalece el peso. La inversión extranjera directa (IED), por su parte, es robusta y diversificada: aportó US$3,276.5 millones en el primer semestre. Las exportaciones totales, a su vez, alcanzaron US$8,745.7 millones, un incremento de 16.6 % respecto al mismo período de 2025. A estas fuentes se suman las remesas de la diáspora dominicana, una fuente estable y creciente de divisas que contribuye directamente al balance de oferta en el mercado cambiario y que alcanzaron $6,291.3 millones en el mismo periodo.
Todos estos rubros equivalen a unos US$2,800 millones adicionales al nivel de 2025, lo que ha contribuido tanto a la estabilidad relativa del tipo de cambio como a la acumulación de reservas internacionales. Gracias a estos fundamentos, el déficit de cuenta corriente como porcentaje del producto interno bruto (PIB) se ha mantenido sin grandes cambios, proyectándose para el cierre del año en torno a 1.3 % del PIB, déficit que estaría cubierto casi tres veces por la inversión extranjera directa
Llama la atención que el déficit de cuenta corriente se mantenga estable en un momento en que la demanda de divisas para suplir la factura petrolera dominicana ha crecido como resultado de los altos precios internacionales del petróleo en el marco de la guerra en el Medio Oriente. Esto indica que la oferta de divisas sigue excediendo la demanda, aún en este escenario complejo e incierto, lo que ha sido determinante en la apreciación experimentada por el peso. Resulta errado pensar que la apreciación es el resultado de intervenciones del BCRD cuando en el presente año las ventas de dólares en el mercado por parte de la institución monetaria se han mantenido en niveles mínimos.
El BCRD reitera su compromiso con el objetivo de inflación, con la estabilidad macroeconómica y de garantizar un mercado cambiario transparente, profundo y alineado con las mejores prácticas internacionales, asegurando así un entorno propicio para el crecimiento sostenido y la estabilidad financiera.














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